La solución
Construimos un bot conversacional que trabaja por WhatsApp, el sitio donde la gente ya está cada día. En vez de pedir que alguien se siente a rellenar formularios, el bot conversa: pregunta por un recuerdo, espera, y tú le respondes hablándole por voz, como si se lo contaras a alguien de confianza. Él escucha y lo pone por escrito.
Va guiando la historia poco a poco, a ritmo de persona. Entiende qué quiere en cada momento (ver un primer borrador, sumar a un ser querido, retomar donde lo dejó) y lo resuelve dentro de la misma conversación. Como recuerda todo lo hablado, alguien puede contarle hoy un recuerdo de su infancia y seguir tres semanas después sin repetir nada.
Detrás, la inteligencia artificial ordena ese material disperso y lo convierte en un relato con forma de libro.
El resultado
Un bot capaz de sostener una conversación que la mayoría de la tecnología trataría con torpeza. Recoge lo íntimo con tacto, no presiona y está ahí a la hora a la que uno se acuerda de estas cosas, que casi siempre es de noche.
Para el negocio significa poder acompañar a cada persona de una en una, sin un equipo enorme detrás, y dejar la conversación abierta el tiempo que haga falta.